viernes, 15 de julio de 2016

Crónica 59


Serás mi chica para las noches más tristes, le dijo, y entonces el amor quedó difuminado o aletargado, el amor atrapado entre dos sueños, y alguien susurraba o cantaba una melodía de niños a lo lejos.

El tiempo era así: primero surgía el beso y luego se apagaba la luz. El tiempo era, a veces, una nube o una palabra, y otras veces un juego de miradas o un final del mundo que acumula más y más nostalgia.

Le dijo, Serás mi única chica para las noches más nostálgicas. Ella parecía (la expresión mínima en los ojos) estar casi ausente de todo o a la espera del nacimiento de la belleza. 

jdlc, 15 julio 2016

martes, 12 de julio de 2016

Crónica 58

Ella inició la lectura de Rayuela por tercera vez con la intención de encontrar dualidades. Le dijo, Estaré ausente del mundo unos días, podrás volver después y hablaremos.

El tiempo se había estancado en conversaciones sobre free jazz que no llegaban a ninguna parte. Tras una tarde de licores y puntos de vista disonantes, ella le lanzó el argumento de siempre de la trompeta y el disco de vinilo y lo que ocurrió cuando olvidaron la reproducción de los vinilos. La trompeta siempre perduraría. Él ya no estaba para saltos mortales sin red y sin paracaídas o para debates vacíos sobre la existencia o no existencia del expresionismo o el dadaísmo.


Ella dijo (la expresión mínima en los ojos) que él siempre había sido su amante más sensible. 


jdlc, 12 julio 2016

miércoles, 22 de junio de 2016

Crónica 57

Marianne Faithfull, 9 Julio 2009, Cartagena. Foto: jdlc.
 Recuerdo a los hombres del parque sentados en un banco de piedra y la camisa abierta para soportar el calor de la noche. Recuerdo las palabras y el consejo para que bordeáramos el edificio por su parte derecha y las obras en el lado izquierdo. Y trazar el perímetro completo para comprobar que estábamos tan cerca como al principio de la entrada al concierto. 

Recuerdo algunas cosas de esa noche. El concierto como de verbena y el calor como diluido o alejándose. Recuerdo, por ejemplo, a las señoras que hablan sobre sus hijas y sobre un vecino que no sé qué había hecho con no sé qué persona. Recuerdo al inglés de mi espalda con un objetivo impresionante montado sobre una cámara minúscula,  y el disparo metafórico ante cualquier movimiento hubiera o no sonido.

Pero, sobre todo, recuerdo que Marianne se pronuncia, o se dice, algo así como merianne cuando la presentan al principio del concierto. Entonces se derrumban los mitos o algo que se parece a los mitos. Las luces encendidas y el espectáculo que comienza. Entonces me inunda una sensación trágica de fin del mundo. 

Esto es la belleza, pienso, esto es el nacimiento de la belleza. 

jdlc, 22 junio 2016




martes, 14 de junio de 2016

Crónica 56




Eliges al azar el disco de los Stone Roses. Las canciones nos siguen gustando. Con dificultad, todavía podemos tararear algún estribillo. Esa emoción contenida al final de This is the one, pero sobre todo la sorpresa en la canción número ocho, made of stone, que casi no recordábamos. Hay un momento en el que parece que todo puede volver a su estado original. Hay un momento en el que todo volverá a su estado original. Ya no se hacen canciones como estas, dices, y yo te creo, y te cuento lo que recuerdo sobre este grupo y sobre estas canciones. Podríamos estar así toda la tarde. Podríamos, incluso, escuchar el segundo de sus discos. Pero has elegido al azar el disco de los Stone Roses. Será mejor volver al principio.

jdlc, 14 junio 2016

Crónica 55


Era el año 98. Octubre o noviembre del año 98. Estaba en primero de carrera. No conocíamos nada. La frase estaba escrita en la mesa de madera. Apenas tres líneas escritas a lápiz. Parecían versos de un poema. Unos versos extraños de un poema. Quizás, un poema muy extraño.

Máscaras, agonías, resurrecciones,
destejerán y tejerán mi suerte
y alguna vez seré Robert Browning.

La letra era inclinada. La típica letra de no mantener recto el cuaderno, pero en una mesa de madera. Todo era muy confuso, o ahora me parece muy confuso. Algo similar a niebla que lo difuminaba todo.

En aquella época no conocíamos nada. Después, unos meses después, leeríamos un libro pequeño de narraciones. En un bar, una noche alguien comentó lo del libro de arena y yo lo entendí como algo real y lo interesante que sería. No lo entendí como una imaginación o una ficción, pensé que me estaban contando algo real. Pensé lo complicado de llevarlo a la práctica y la imaginación del autor para materializarlo. No sabía que, en el fondo, todo aquello prefiguraba a Dios.

Después, muchos años después, leímos el poema. Los tres versos de la mesa de madera estaban al final y quizás fue la imagen de Robert Browning la que trajo el recuerdo y la emoción del recuerdo. Podríamos haber llorado entonces, pero seguíamos sin conocer nada. 

jdlc, 14 junio 2016