lunes, 25 de julio de 2016

Crónica 61


El poeta Pedro Casariego Córdoba soñaba con trenes hambrientos mientras la vida era púrpura y nubes, silencio y ceniza. El poeta buscaba los trenes en el tiempo y el tiempo era agua. Un día el tren hambriento fingió ser el poeta. Un día el tren era agua y púrpura. El poeta buscó la imagen y la imagen ya no estaba. El tren tampoco estaba. El hombre delgado que no flaqueará jamás en una dimensión más abstracta, menos dolorosa, tal vez más primitiva pero rozando lo perfecto o lo simbólico. El tren hambriento exigió el cuerpo de su domador. Los poetas como seres inofensivos que se abandonan al canibalismo de las emociones. El tren hambriento era la poesía. Pedro Casariego Córdoba era el poeta.

jdlc, 25 julio 2016

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